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La parte meridional del Tíbet está situada dentro del Himalaya, cuya cadena más importante se extiende a lo largo de toda la frontera meridional y en donde se encuentran muchas de las grandes cimas del mundo; entre ellas se hallan el monte Everest (8.850 m), la montaña más alta del mundo, el Namcha Barwa (7.756 m) y el Gurla Mandhata (7.728 m). Otra cadena del Himalaya, conocida comúnmente como el Transhimalaya, se extiende al norte paralela a la principal cordillera, y tiene picos que alcanzan los 7.300 m de altitud. Entre esta cadena y la cadena principal hay un extenso valle fluvial, que abarca alrededor de 1.000 km de este a oeste. El río Brahmaputra (conocido en Tíbet como el Yarlung Zangbo) fluye de oeste a este a través de gran parte de la región. La cadena del Transhimalaya desciende hacia el norte hasta la meseta Septentrional (o Tibetana), una vasta altiplanicie que se extiende hasta el Karakoram al oeste y las montañas Kunlun al norte. La meseta Septentrional, interrumpida por elevaciones montañosas, tiene una altitud media de aproximadamente 4.570 m. Desciende gradualmente hacia el sur y el este. La parte oriental del Tíbet es una región accidentada con numerosas cordilleras en dirección norte-sur, mezcladas con profundos valles. |
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Tíbet es rico en recursos minerales, aunque sólo unos pocos han sido explotados.
Hay oro en muchas partes y notables yacimientos de mineral de hierro, carbón,
sal y bórax. Otros recursos minerales conocidos incluyen los esquistos
bituminosos, manganeso, plomo, cinc, cuarzo y grafito. Hay también jade,
lapislázuli y otras piedras preciosas y semipreciosas.
La cultura tradicional tibetana se basa en el lamaísmo, con una notable
tradición artística de imágenes esotéricas, los mandalas, y de impresiones
xilográficas de textos y dibujos. Los centros tibetanos han conservado algunas
de las más completas colecciones de sutras mahayanas. El lamaísmo también ha
dado lugar a abundantes festividades religiosas, ceremonias y ferias
tradicionales. El Tíbet recobró su independencia tras la caída de la dinastía Yuan, de origen
mongol, en 1368 y se inició una lucha entre monasterios rivales por el gobierno
del territorio. El gobierno secular fue brevemente restaurado en el siglo XV,
mientras que el budismo tibetano fue revitalizado por el riguroso reformista
Tsong-kha-pa, que fundó la secta Dge-lugs-pa, también conocida como los Gorros
Amarillos. En 1578 el tercer jefe de la secta recibió el título de Dalái-lama
(‘monje con un océano de sabiduría’) por parte de Altan Kan, el jefe mongol, que
resucitó nominalmente el sistema de virreinatos; Altan también puso a casi todos
los mongoles bajo la autoridad religiosa del Dalái-lama. El cuarto jefe de Dge-lugs-pa
se reencarnó supuestamente en la familia de Altan, y las fuerzas mongolas
entraron en el Tíbet para apoyar sus pretensiones, a las que se oponían la secta
Karma-pa y la aristocracia secular de Tíbet. Antes de 1642 la alianza entre los
mongoles y Dge-lugs-pa había establecido un gobierno unificado bajo el Dalái-lama.
La última intervención significativa de la dinastía Manchú en el Tíbet tuvo
lugar en 1792 cuando las tropas chinas ayudaron a derrotar una invasión de los
gurjas procedentes de Nepal. Mientras tanto, los oficiales coloniales británicos
de la India intentaron asegurarse un enclave en la región. Estos esfuerzos
fracasaron a causa del resentimiento tibetano por la invasión gurja, apoyada por
los británicos. Todos los extranjeros, con la excepción de los chinos, fueron
expulsados de Tíbet a partir de 1792. Los manchúes no tomaron parte en las
guerras del Tíbet con Ladakh en 1842 y con Nepal en 1858. En 1904 el Tíbet, que
era por entonces virtualmente independiente de la autoridad china, fue invadido
por los británicos, alarmados por la pretendida influencia rusa en el
territorio. La expedición estableció las bases del tratado bilateral anglo-chino
de 1906. Según los términos de este acuerdo, el imperio chino adquirió el
reconocimiento de su soberanía en el Tíbet, a cambio del pago de una gran
indemnización a los británicos, que posteriormente retiraron sus tropas. En 1907
los gobiernos británico y ruso firmaron un acuerdo de no injerencia en los
asuntos tibetanos
En octubre de 1950, poco más de un año después de que consiguieran controlar la
China continental, las tropas comunistas invadieron Tíbet. Para reunir a la
nación contra el avance de las tropas invasoras, en noviembre la regencia
invistió de autoridad total al decimocuarto Dalái-lama, aunque sólo tenía quince
años en ese momento. La resistencia fue pronto aplastada y Gran Bretaña e India
no ofrecieron ayuda alguna. El gobierno tibetano capituló en mayo de 1951, al
firmar un tratado que disponía el mantenimiento del poder del Dalái-lama en
asuntos interiores, mientras que los asuntos exteriores y militares quedaban
bajo el control chino; también se acordaba el retorno desde China de Panchen
Lama, dirigente espiritual lamaísta que según la opinión común era simpatizante
del régimen comunista. Las unidades militares comunistas alcanzaron Lhasa en
octubre. El Panchen Lama llegó en abril de 1952.
En 1956 fuentes indias y nepalíes informaron acerca de levantamientos tibetanos
y actividad guerrillera contra el régimen chino. Mao Zedong declaró pocos meses
más tarde que el Tíbet no estaba aún preparado para el establecimiento del
régimen comunista. Durante los últimos meses de 1958 surgieron informaciones
acerca de una extendida actividad guerrillera anticomunista en Tíbet occidental.
Se consideraba que la rebelión había sido provocada por los intentos de
instituir comunas populares, similares a las establecidas en otras partes de
China. Aunque los chinos anunciaron que se había pospuesto el establecimiento de
las comunas en el Tíbet, no se contuvo la rebelión, y en marzo de 1959 estalló
un motín a gran escala en Lhasa. El Dalái-lama huyó a la India a finales de mes
y posteriormente estableció una comunidad tibetana en el país. Los chinos
aplastaron la revuelta y nombraron al Panchen Lama jefe de Estado; se estima que
87.000 tibetanos murieron en el curso de la sublevación y de la posterior
represión. El 21 de octubre, la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó una
resolución que deploraba la supresión de los derechos humanos en el Tíbet. El 9
de marzo de 1961 se aprobó una resolución similar.
A finales de la década de 1970, tras el final de la Revolución Cultural, China
mitigó gradualmente su política hacia el Tíbet. El Panchen Lama, que había sido
sustituido de su puesto en 1964, fue readmitido en 1978. En repetidas ocasiones
pidió al Dalái-lama su regreso. Los chinos admitieron en 1980 que Tíbet había
sido mal gobernado y anunciaron reformas en la región, permitieron las
actividades religiosas y reconstruyeron algunos monasterios destruidos por los
guardias rojos en un esfuerzo por mejorar sus relaciones con el pueblo tibetano.
En octubre de 1987 y mayo de 1993 hubo violentas manifestaciones de protesta
contra el gobierno chino; las autoridades chinas respondieron con varias medidas
como la represión violenta de la disidencia, la severa supervisión de la
actividad religiosa y la inmigración de colonos chinos han para superar en
número a la población nativa. En agosto de 1993, por primera vez en los últimos
diez años, se mantuvieron conversaciones entre los chinos y los representantes
del Dalái-lama, si bien no consiguieron cambios sustanciales en la política
china. |
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