DATOS DE GALICIA

SUPERFICIE 29.575 km2
HABITANTES 2.762.198H. (2005)
DENSIDAD 93,4  habanderas/B./km2
CLIMA ATLÁNTICO
COSTA ATLÁNTICO
IDIOMA CASTELLANO y GALLEGO
GOBIERNO AUTONÓMICO
PRESIDENTE ALBERTO NUÑEZ FEIJÓO
RELIGIÓN CATÓLICA
MONEDA EURO
CAPITAL SANTIAGO DE COMPOSTELA

Datos Actualizados Abril/2009

La configuración física de Galicia se suele dividir en dos grandes zonas: la Galicia interior y la Galicia costera, ambas separadas por un sistema montañoso que la atraviesa aproximadamente por la mitad, la denominada dorsal gallega o macizo Galaico.

En el relieve gallego se combinan las montañas (de escasa altitud y de formas suaves) con valles profundos y tierras llanas. Se distinguen seis unidades. En el este las sierras orientales (Ancares, Caurel, Segundera, Queixa y San Mamede), donde se encuentran las mayores elevaciones de la comunidad: Peña de Trevinca (2.095 m), Penarrubia (1.826 m) y Cabeza de Manzaneda (1.778 m). Al oeste de las montañas orientales se encuentra la meseta Central lucense o Terra Cha (Tierra Llana) —una extensión llana con una altitud media entre 500 y 600 m— y, más hacia el sur, las depresiones meridionales (Val de Monterrei y Val do Arnoia) constituidas por un conjunto de terrenos hundidos. Serpenteando por el borde occidental de estas dos últimas unidades se extiende la dorsal gallega (o macizo Galaico), un sistema de montañas interiores con altitudes comprendidas entre 750 y 1.200 metros. Entre la dorsal Gallega y el mar se extiende una zona de relieve ondulado, que va descendiendo progresivamente hacia el océano, denominada el ‘escalón de Santiago’ (entre 500 y 200 m de altitud). Por último se encuentra la zona del litoral, formada por un moderado relieve montañoso cortado por numerosos valles y hendido hacia el interior por las famosas rías.

Galicia fue famosa en la antigüedad por sus minas de oro, agotadas ya en tiempos de los romanos. Actualmente también se realizan actividades mineras y se extrae estaño, cobre, wolframio, lignito, plomo, cinc, hierro y magnesita. Cabe destacar recientemente la extracción de cuarzo y la transformación de granito y pizarra. A pesar de esta variedad, los rendimientos de las explotaciones mineras son pobres, debido a que el mineral aparece mezclado con otros materiales y ello dificulta tanto la extracción como el refinado posterior.

Galicia, como se ha mencionado con anterioridad, cuenta con una notable superficie forestal, lo que permite una amplia explotación maderera con fines múltiples, como materia prima (principalmente para la producción de aglomerados, tableros y muebles) o celulosa (destinada a conseguir pasta de papel).

Galicia es la primera región pesquera de Europa y aporta más del 50% de la producción pesquera española, con un importante efecto multiplicador en el sector secundario (conservas, alimentos precocinados, cultivos marinos y construcción naval). La flota de altura se dedica fundamentalmente a la captura de bacalao, merluza y pescadilla. Los puertos principales de este tipo de pesca son los de Vigo y A Coruña. Los recursos costeros se explotan a través de la flota de bajura, repartida a lo largo de todo el litoral. Un subsector excepcional está constituido por las capturas y criaderos de mariscos (vieiras, zamburriñas, ostras, mejillones y berberechos), crustáceos (nécoras, centollos, percebes y cigalas) y de especies como el pulpo y el calamar. No obstante, el sector pesquero atraviesa momentos difíciles debido a la disminución de las zonas de pesca (lo que motiva litigios con otros países a la hora de faenar en sus aguas territoriales), la mengua de algunas especies sobreexplotadas, el envejecimiento de la flota, el pequeño tamaño de las artes pesqueras y la captura de las crías sin dar tiempo suficiente a su reproducción natural.

Además, el sector pesquero se ha visto afectado por la contaminación de las aguas costeras: en las últimas décadas han tenido lugar varios accidentes de petroleros que han vertido decenas de miles de toneladas de crudo junto a las costas gallegas y han originado mareas negras cuyos restos acaban con las comunidades marinas y terrestres, las cuales tardan numerosos años en regenerarse (Polycommander en 1970, Urquiola en 1976, Andros Patria en 1979, Mar Egeo en 1992 y Prestige en 2002).

Finalmente, cabe señalar que la belleza de los parajes gallegos, así como su clima fresco en verano, constituyen un reclamo para el turismo, principalmente el español.

La primeras pruebas que demuestran la presencia humana en Galicia se remontan al paleolítico (gándaras de Budiño) y tienen como primera manifestación artística los megalitos (3.000). Se conservan en buen estado los dólmenes de Dombate (Cabana) y Dumbría (Casa dos Mouros). También de época prehistórica (edad del bronce, 1700-500 a.C.) cabe destacar los tesoros de piezas de oro de Caldas y Golada, expuestos en el Museo de Pontevedra. Con la llegada de los celtas procedentes del centro de Europa (siglo VII a.C.) se inicia la llamada cultura de los castros, poblados fortificados de planta circular u oval cubiertos de paja y ramas. Los más conocidos son los de Santa Tecla (A Guarda, en Pontevedra), Foz (Lugo) y Castromao (Celanova, cerca de Ourense).

La costa gallega era transitada en la antigüedad (desde el año 1000 a.C.) por las naves griegas y fenicias, las cuales, en la ruta hacia las míticas Casitérides, hacían escala en algunas rías. No obstante, Galicia entró en la historia escrita con la llegada de los romanos (siglo I a.C.). Fueron precisamente estos pobladores quienes dieron nombre al país (Gallaecia) y organizaron su primera administración en tres distritos (conventus) con capitales en Lucus Augusti (Lugo), Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga). La huella civilizadora de los romanos queda hoy atestiguada por las famosas murallas de Lugo, el puente romano sobre el Miño y la Torre de Hércules (A Coruña). A pesar de la tradición, según la cual la evangelización de las tierras gallegas corrió a cargo del apóstol Santiago el Mayor, las noticias arqueológicas parecen confirmar la llegada de los primeros cristianos, probablemente procedentes del norte de África, durante el siglo III. Con la desintegración del Imperio romano a partir del siglo V, el territorio gallego fue ocupado por un pueblo germánico, los suevos, que organizaron un reino independiente. Posteriormente, quedó incorporado al reino visigodo de Toledo (siglo VI).

Con la llegada de los musulmanes el reino visigodo se desintegró y Galicia fue ocupada durante algunos años por los islámicos (siglo VIII). Pronto fueron expulsados de la tierras gallegas por el rey asturiano Alfonso I el Católico, que incorporó Galicia al reino de Asturias. Fue en el siglo siguiente cuando se produjo un hecho legendario de gran trascendencia para el futuro de Galicia: el descubrimiento del sepulcro del apóstol Santiago en tiempos del obispo Teodomiro (813). Así nació Santiago de Compostela en torno a un pequeño templo, que fue convertido por Alfonso III en una rica basílica de tres naves. Durante algún tiempo, Galicia fue un reino independiente. Efectivamente, a la muerte de Fernando I (1065) Galicia correspondió por herencia a García I, que estableció la capital del reino en Ribadavia e impuso vasallaje a los reinos taifas de Badajoz y Sevilla. En 1090, Alfonso VI de León depuso a su hermano García y concedió Galicia, a título de condado pero con relativa independencia, a su hija Urraca, casada con Raimundo de Borgoña. También concedió las tierras al sur del Miño (condado de Portugal) a su otra hija, Teresa, casada con Enrique de Borgoña. Este fue el origen de la desmembración del espacio político-cultural medieval formado por Galicia y el reino de Portugal. A pesar de ello, durante el siglo XII y bajo la acción política del obispo Diego Gelmírez, Galicia vivió uno de los capítulos más brillantes de su historia. El final de la edad media estuvo marcado por las Guerras Irmandiñas (siglo XV), revueltas campesinas contra la opresión feudal que se saldaron con el triunfo de la nobleza sobre las pretensiones populares (ver Irmandiño). A finales del siglo XV y principios del XVI, con la llegada al poder de los Reyes Católicos, Galicia pasó definitivamente a depender de Castilla. Durante su reinado se empezó “la doma y castración de Galicia”, en palabras de Jerónimo Zurita; los escribanos fueron obligados a abandonar los formularios en gallego, la justicia pasó a depender de Valladolid y los monasterios quedaron sujetos a las casas centrales castellanas. La Santa Hermandad y la Inquisición se establecieron en Galicia como elementos unificadores respecto al resto del territorio peninsular.

La edad moderna fue, en general, una época de decadencia, ya que Galicia, aunque estuvo al margen de la política castellana, sufrió sus consecuencias. Las guerras con Inglaterra arruinaron el comercio tradicional de vino y lino; Francis Drake atacó repetidamente las ciudades costeras y la guerra con Portugal (1640-1649) aceleró la regresión económica. Durante el siglo XVIII, la introducción de nuevos cultivos, como el maíz y la patata (papa), parecieron sacudir un poco la atonía gallega, si bien los beneficios obtenidos fueron invertidos en gastos suntuarios. Son de esta centuria las grandes obras del barroco gallego y la remodelación y construcción de los grandes pazos (casas de campo de la nobleza).

La edad contemporánea se inició con la guerra de Independencia contra los franceses (1809) y se caracterizó, de una parte, por el tono liberal de las grandes ciudades (el carlismo tuvo poca incidencia), y, de otra, por la voluntad de restauración cultural del país, cuya primera versión política fue la revolución gallega de 1846, saldada con el fusilamiento en Carral de los doce dirigentes de la revuelta. Continuó durante la segunda mitad del siglo con la generación del Rexurdimento (resurgimiento) cultural y la formulación del galleguismo político, debido a Manuel Murguía y Alfredo Brañas.

El siglo XX se caracterizó por la relativa industrialización de algunas zonas del país (Ferrol, A Coruña y Vigo) y la formación de un proletariado poco numeroso pero muy combativo, en gran medida organizado dentro de corrientes anarquistas. En junio de 1936, Galicia aprobó en plebiscito por una gran mayoría un estatuto de autonomía que, debido a la sublevación militar del 18 de julio del mismo año y de la posterior dictadura franquista, no llegó a entrar en vigor. Al estallar la Guerra Civil, Galicia pasó a estar controlada desde el principio por las tropas nacionalistas. A pesar de esta ‘fidelidad’ militar inicial y del hecho que el mismo general Franco hubiera nacido en Ferrol, Galicia bajo el franquismo no prosperó y sus zonas interiores fueron de las más subdesarrolladas y aisladas de España (a pesar de la construcción de los accesos terrestres y de cierta promoción de sus industrias preexistentes). Con la llegada de la democracia, Galicia pasó a regirse por el Estatuto de Autonomía refrendado mayoritariamente y vigente desde el 6 de abril de 1981.

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