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Al este de la extensa penillanura que va desde Trujillo hasta la ciudad de
Cáceres se alzan Las Villuercas (1.601 m), el macizo más elevado de los montes
de Toledo en Extremadura. Tiene elevados picachos de cuarcitas que alcanzan los
1.300 m de altitud y valles encajados, llamados gavias, que se abren hacia los
ríos Tajo y Guadiana. Aquí se alzan las sierras de Miravete, las Corchuelas y
Cañaveral, al sur del Tajo, y las sierras de Montánchez y San Pedro, al norte
del Guadiana.
Las tierras llanas y las vegas al sur del Guadiana son las zonas agrícolas más
importantes: La Serena, Campo de Castuera, Vegas Altas, Tierra de Barros, Llanos
de Olivenza y Vegas Bajas.
El extremo occidental de sierra Morena constituye el área montañosa del sur
extremeño. La sierra de los Caballeros presenta la mayor altitud en Tentudía
(1.104 m). Los afluentes del Guadiana y pequeños arroyos erosionan el paisaje y
cortan los valles que descienden hacia el Campo de Zafra y los Llanos de
Llerena.
Extremadura conserva restos monumentales y artísticos que reflejan la gran
variedad de pueblos y culturas que desde tiempos prehistóricos han habitado en
estas tierras. Se encuentran huellas de su prehistoria en la cueva de
Maltravieso (Cáceres), con representaciones de manos similares a las del arte
rupestre de la zona franco-cantábrica, y también en las cuevas de Zarza de
Alange, en el risco de San Blas, y en las de Arroyo de San Serván, en donde las
pinturas son de tipo esquemático, características del área mediterránea. Entre
los numerosos monumentos megalíticos conservados cabe destacar los dólmenes de
Valencia de Alcántara, el de Lácara, la cámara funeraria de la Granja del
Toriñuelo y los restos cercanos a Jerez de los Caballeros.
El contacto con las culturas mediterráneas se demuestra con hallazgos como el
tesoro de La Aliseda, de los siglos VII-VI a.C., que es una valiosa
manifestación de arte posiblemente fenicio, o las monedas y vasijas griegas
encontradas en Medellín y Cáceres. Los cartagineses controlaron la zona después
de enfrentarse a los pueblos que allí vivían y siglos después, en época de
Aníbal (siglos III-II a.C.), el dominio púnico en este territorio fue casi
total, por lo que lucharon junto a los cartagineses contra Roma. La romanización
de Extremadura, integrada en la Lusitania y la Bética, fue muy intensa, como
refleja su abundante legado monumental. Las calzadas romanas permitieron que los
musulmanes se adentraran por estas tierras, en las que encontraron poca
resistencia. Si Mérida había sido la ciudad más importante de la época romana,
será Badajoz la que cobre mayor relevancia durante los siglos de dominación
musulmana. Extremadura se convertiría en la tierra fronteriza entre dos mundos,
el cristiano y el árabe, donde se alzaron murallas, alcazabas, castillos y
fortificaciones. Las órdenes militares (los Caballeros Templarios, la Orden de
Alcántara y la Orden de Santiago) desempeñaron un papel muy destacado en la
Reconquista y posterior repoblación, cuando Extremadura se incorporó al reino de
Castilla y León. Ver España: Historia.
En la primera mitad del siglo XIV comenzaron los intentos de conquista de
tierras extremeñas por parte de Portugal. Por este motivo, así como por la
guerra de Sucesión de Castilla entre los partidarios de Juana la Beltraneja
(apoyados por Portugal y gran parte de la nobleza de Extremadura) y los de
Isabel (más tarde Isabel I la Católica), Extremadura se convirtió en el
escenario de cruentas batallas, como la de Albuera, en 1479, tras la que salió
vencedora la facción isabelina. Durante el proceso de secesión de Portugal, en
1640, resultó también asolada por la Guerra Hispano-portuguesa. En el transcurso
de la Guerra de Sucesión española, Portugal apoyó al archiduque Carlos a cambio
de la promesa de anexionarse las tierras de la Baja Extremadura. En 1704, Felipe
V declaró la guerra al país vecino; Extremadura sufrió numerosos asedios y
varias localidades importantes pasaron a estar bajo control portugués. Tras la
firma de los Tratados de Utrecht, que pusieron fin a la guerra, Portugal
devolvió los territorios ocupados a cambio de la Colonia del Sacramento, en el
continente americano, que había sido tomada por los españoles.
A finales del siglo XVIII se llevó a cabo una reestructuración del territorio,
que supuso la pérdida de Talavera de la Reina y varios municipios situados en la
parte oriental que se incorporaron a Toledo. A principios del siglo siguiente
estalló la llamada guerra de las Naranjas, como consecuencia de nuevas
desavenencias entre los intereses españoles y portugueses. Extremadura también
sufrió los efectos negativos de la guerra de la Independencia española hasta
1812, al convertirse en el escenario de varios enfrentamientos ante la invasión
francesa.
Con la nueva organización del territorio español en 1833 se crearon las
provincias de Cáceres y Badajoz, que se correspondían prácticamente con las
hasta entonces divisiones administrativas de la Alta y la Baja Extremadura.
Durante la Guerra Civil española, el general Yagüe tomó Badajoz y toda
Extremadura quedó incorporada al bando nacional. Tras la contienda y ante la
depresión económica que sufría la región, se puso en marcha el llamado Plan
Badajoz (1952) con el fin de aprovechar las aguas del Guadiana para el
desarrollo de la agricultura de regadío.
En 1978, se estableció en Extremadura un régimen administrativo preautonómico, y
en 1983, según la Ley Orgánica del Estado de 25 de febrero, se comenzó a regir
por su Estatuto de Autonomía de acuerdo con la Constitución. En mayo de ese
mismo año se celebraron las primeras elecciones a la asamblea regional.
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