DATOS DE EXTREMADURA

SUPERFICIE 41.634 km2
HABITANTES 1.083.879 H. (2005)
DENSIDAD 26 habanderas/B./km2
CLIMA MEDITERRÁNEO
COSTA NO TIENE
IDIOMA CASTELLANO
GOBIERNO AUTONÓMICO
PRESIDENTE JUAN CARLOS RODRIGUEZ IBARRA
RELIGIÓN CATÓLICA
MONEDA EURO
CAPITAL MÉRIDA

Datos Actualizados Enero/2006

Las principales unidades del relieve son: el sistema Central al norte, la prolongación de los montes de Toledo en el centro, sierra Morena al sur y una amplia penillanura que ocupa toda la zona central y que es la parte más representativa y conocida del paisaje extremeño.

La sierra de Gata y el sector más occidental de la sierra de Gredos son las unidades del sistema Central que se encuentran en la parte septentrional de Extremadura, con altitudes superiores a los 2.000 metros y compuestas sobre todo por rocas cristalinas del paleozoico. Son montañas con numerosas gargantas, como la de Jaranda, y con puertos como el de Béjar o el de Tornavacas. Los valles y depresiones más importantes son Las Hurdes, el valle de Ambroz, el del Jerte, el del Tiétar y La Vera.
 

Al este de la extensa penillanura que va desde Trujillo hasta la ciudad de Cáceres se alzan Las Villuercas (1.601 m), el macizo más elevado de los montes de Toledo en Extremadura. Tiene elevados picachos de cuarcitas que alcanzan los 1.300 m de altitud y valles encajados, llamados gavias, que se abren hacia los ríos Tajo y Guadiana. Aquí se alzan las sierras de Miravete, las Corchuelas y Cañaveral, al sur del Tajo, y las sierras de Montánchez y San Pedro, al norte del Guadiana.

Las tierras llanas y las vegas al sur del Guadiana son las zonas agrícolas más importantes: La Serena, Campo de Castuera, Vegas Altas, Tierra de Barros, Llanos de Olivenza y Vegas Bajas.

El extremo occidental de sierra Morena constituye el área montañosa del sur extremeño. La sierra de los Caballeros presenta la mayor altitud en Tentudía (1.104 m). Los afluentes del Guadiana y pequeños arroyos erosionan el paisaje y cortan los valles que descienden hacia el Campo de Zafra y los Llanos de Llerena.

Extremadura conserva restos monumentales y artísticos que reflejan la gran variedad de pueblos y culturas que desde tiempos prehistóricos han habitado en estas tierras. Se encuentran huellas de su prehistoria en la cueva de Maltravieso (Cáceres), con representaciones de manos similares a las del arte rupestre de la zona franco-cantábrica, y también en las cuevas de Zarza de Alange, en el risco de San Blas, y en las de Arroyo de San Serván, en donde las pinturas son de tipo esquemático, características del área mediterránea. Entre los numerosos monumentos megalíticos conservados cabe destacar los dólmenes de Valencia de Alcántara, el de Lácara, la cámara funeraria de la Granja del Toriñuelo y los restos cercanos a Jerez de los Caballeros.

El contacto con las culturas mediterráneas se demuestra con hallazgos como el tesoro de La Aliseda, de los siglos VII-VI a.C., que es una valiosa manifestación de arte posiblemente fenicio, o las monedas y vasijas griegas encontradas en Medellín y Cáceres. Los cartagineses controlaron la zona después de enfrentarse a los pueblos que allí vivían y siglos después, en época de Aníbal (siglos III-II a.C.), el dominio púnico en este territorio fue casi total, por lo que lucharon junto a los cartagineses contra Roma. La romanización de Extremadura, integrada en la Lusitania y la Bética, fue muy intensa, como refleja su abundante legado monumental. Las calzadas romanas permitieron que los musulmanes se adentraran por estas tierras, en las que encontraron poca resistencia. Si Mérida había sido la ciudad más importante de la época romana, será Badajoz la que cobre mayor relevancia durante los siglos de dominación musulmana. Extremadura se convertiría en la tierra fronteriza entre dos mundos, el cristiano y el árabe, donde se alzaron murallas, alcazabas, castillos y fortificaciones. Las órdenes militares (los Caballeros Templarios, la Orden de Alcántara y la Orden de Santiago) desempeñaron un papel muy destacado en la Reconquista y posterior repoblación, cuando Extremadura se incorporó al reino de Castilla y León. Ver España: Historia.

En la primera mitad del siglo XIV comenzaron los intentos de conquista de tierras extremeñas por parte de Portugal. Por este motivo, así como por la guerra de Sucesión de Castilla entre los partidarios de Juana la Beltraneja (apoyados por Portugal y gran parte de la nobleza de Extremadura) y los de Isabel (más tarde Isabel I la Católica), Extremadura se convirtió en el escenario de cruentas batallas, como la de Albuera, en 1479, tras la que salió vencedora la facción isabelina. Durante el proceso de secesión de Portugal, en 1640, resultó también asolada por la Guerra Hispano-portuguesa. En el transcurso de la Guerra de Sucesión española, Portugal apoyó al archiduque Carlos a cambio de la promesa de anexionarse las tierras de la Baja Extremadura. En 1704, Felipe V declaró la guerra al país vecino; Extremadura sufrió numerosos asedios y varias localidades importantes pasaron a estar bajo control portugués. Tras la firma de los Tratados de Utrecht, que pusieron fin a la guerra, Portugal devolvió los territorios ocupados a cambio de la Colonia del Sacramento, en el continente americano, que había sido tomada por los españoles.

A finales del siglo XVIII se llevó a cabo una reestructuración del territorio, que supuso la pérdida de Talavera de la Reina y varios municipios situados en la parte oriental que se incorporaron a Toledo. A principios del siglo siguiente estalló la llamada guerra de las Naranjas, como consecuencia de nuevas desavenencias entre los intereses españoles y portugueses. Extremadura también sufrió los efectos negativos de la guerra de la Independencia española hasta 1812, al convertirse en el escenario de varios enfrentamientos ante la invasión francesa.

Con la nueva organización del territorio español en 1833 se crearon las provincias de Cáceres y Badajoz, que se correspondían prácticamente con las hasta entonces divisiones administrativas de la Alta y la Baja Extremadura.

Durante la Guerra Civil española, el general Yagüe tomó Badajoz y toda Extremadura quedó incorporada al bando nacional. Tras la contienda y ante la depresión económica que sufría la región, se puso en marcha el llamado Plan Badajoz (1952) con el fin de aprovechar las aguas del Guadiana para el desarrollo de la agricultura de regadío.

En 1978, se estableció en Extremadura un régimen administrativo preautonómico, y en 1983, según la Ley Orgánica del Estado de 25 de febrero, se comenzó a regir por su Estatuto de Autonomía de acuerdo con la Constitución. En mayo de ese mismo año se celebraron las primeras elecciones a la asamblea regional.

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