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La Montaña ocupa la mayor parte de la comunidad y corresponde al sector central
de la cordillera Cantábrica. Son alineaciones montañosas que toman una dirección
norte-sur y que están cortadas por profundas hoces excavadas por ríos como el
Nansa, Saja, Besaya, Pas, Pisueña y Miera, entre otros; en ellas se localizan
altos valles interiores como el de Liébana, Asón, Agüera, Campoo o Valderredible.
Las cimas más altas están en el sur: Peña Labra, Sejos, Castro-Valnera y Lasía.
En el suroeste, en los Picos de Europa, se alza el pico más elevado, Peña Vieja,
con 2.613 m de altura.
Al sur de la cordillera Cantábrica se encuentra la Cantabria meridional, donde
se localiza la depresión de Campoo; son tierras llanas, por encima de los 800
metros. En Fontibre, que pertenece al valle de Reinosa, nace el río Ebro.
Los glaciares han modelado las cimas más altas de los valles cántabros,
destacando el circo glaciar de Fuente Dé, las morrenas de Aliva, en los Picos de
Europa, o el de la sierra de Peña Labra. También las rocas calizas de los
macizos, en sus extremos oriental y occidental, han dando lugar a la aparición
de grandes relieves cársticos al disolverse con el agua este tipo de rocas,
excavando así grutas y galerías subterráneas.
Las pinturas rupestres de las numerosas cuevas de Cantabria son prueba evidente
de la presencia humana en estas tierras desde tiempos muy remotos. En el IV
milenio antes de Cristo se introdujo el pastoreo y la agricultura y de esa época
se conservan restos de monumentos megalíticos, como por ejemplo los menhires del
puerto de Sejos.
El año 19 a.C. Cantabria quedó incorporada a Roma tras diez años de asedio. La
larga resistencia explica que la romanización de estas tierras no fuera
completa. En el 411 los vándalos se situaron por la cornisa cantábrica y
posteriormente el rey visigodo Leovigildo conquistó estas tierras en su deseo de
unificar todo el territorio peninsular bajo su mandato. El territorio cántabro,
apenas dominado por los musulmanes, se convirtió en poco tiempo en uno de los
múltiples frentes, incorporado en fecha reciente al reino de Castilla, desde los
que se inició lo que se ha denominado proceso de Reconquista, emprendida por los
cristianos desde el norte de la península. El puerto de Santander era de gran
interés para los castellanos, pues desde él podían exportar la lana de las
ovejas merinas. Este comercio y la pesca de la ballena promovieron el
desarrollo, a partir del siglo XII, de otros puertos como el de Castro Urdiales,
Laredo y Colindres. De la misma manera, todos estos puertos fueron la base de la
flota castellana desde la edad media, pero a partir de la conquista de América,
la ciudad de Sevilla y el océano Atlántico se convirtieron en los ejes
fundamentales del poderío naval castellano. |