DATOS DE CASTILLA LA MANCHA

SUPERFICIE 79.461 km2
HABITANTES 1.894.667 H. (2005)
DENSIDAD 23,8  habanderas/B./km2
CLIMA MEDITERRÁNEO
COSTA NO TIENE
IDIOMA CASTELLANO
GOBIERNO AUTONÓMICO
PRESIDENTE JOSÉ MARIA BARREDA FONTES
RELIGIÓN CATÓLICA
MONEDA EURO
CAPITAL TOLEDO

Datos Actualizados Enero/2007

La región de Castilla-La Mancha ocupa gran parte de la submeseta Sur española. Se trata de una gran plataforma, ligeramente inclinada y abierta hacia el oeste, rodeada al norte por el sistema Central, al este por el sistema Ibérico y al sur por el reborde montañoso de sierra Morena; está recorrida por las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana a su vez separadas por los montes de Toledo. Su configuración física puede sistematizarse en dos grandes unidades: las sierras y montes periféricos y centrales, por una parte, y el centro de las cuencas por otra.

Casas Colgadas

Aquí vemos las famosas Casas Colgadas de Cuenca en visión nocturna, vistas desde el puente de San Pablo.

 

Molinos de viento

Salpican el paisaje de La Mancha. La región es conocida como la tierra de don Quijote y Sancho, protagonistas de la gran novela de Miguel de Cervantes Saavedra.

 

Castillo de Alarcón


La localidad española de Alarcón, situada en la provincia de Cuenca, en Castilla-La Mancha, es famosa por el castillo medieval de sus inmediaciones, convertido en la actualidad en parador nacional y desde el que puede observarse el embalse del mismo nombre construido en el río Júcar.

 

Castillo de Belmonte

El castillo de Belmonte se eleva en un cerro denominado "bel monte", de ahí su nombre, a las afueras de la localidad del mismo nombre, al suroeste de la provincia de Cuenca



En la zona septentrional, de los tres sectores del sistema Central, sólo los extremos occidental (sierra de San Vicente, 1.321 m) y el oriental (sierra de Ayllón, 2.048 m) caen dentro de la región definida. En la zona sur, sierra Morena constituye un enorme escalón en el que bruscamente termina la llanura de la submeseta. De todas maneras, como el desnivel entre la submeseta y sierra Morena es muy escaso, sólo destacan algunas sierras como consecuencia de la erosión propiciada por los ejes fluviales que bajan a la cuenca del Guadalquivir. Es el caso de las sierras de Alcudia (1.106 m) y de San Andrés (1.300 m), sierra esta última por la que transcurre el desfiladero de Despeñaperros. En el noreste, el sistema Ibérico ofrece desde los altos páramos meseteños un paisaje de pliegues anchos y pesados escalonados en dirección este-oeste (serranía de Cuenca) entre los Altos de Carejas, la sierra de Bascuñana (1.388 m) y la sierra de Albarracín (1.834 m), esta última compartida con Aragón. En esta región se da un conjunto de formas cársticas muy particulares, resultado del modelado de la acción fluvial sobre materiales calcáreos (Ciudad Encantada). Al sureste cabe mencionar alguna sierra de pliegues complejos situada a caballo entre sierra Morena y la cordillera Subbética (sierra de Alcaraz, 1.798 m). Finalmente es preciso referirse a los montes de Toledo (Las Villuercas, 1.601 m) que atraviesan la región marcando la divisoria entre el río Tajo y el Guadiana.

En el centro de las cuencas la acción fluvial ha dado lugar a distintas formas de relieve según los materiales geológicos sobre los que ésta ha actuado. Así, en lugares donde los materiales más duros han quedado elevados, se ha formado un paisaje de páramos y alcarrias (zonas donde la cobertura caliza ha quedado intacta). En los lugares donde predominan materiales sedimentarios más homogéneos, los paisajes se han modelado en llanuras suavemente onduladas (La Mancha).

La población de esta comunidad, según datos para 2001, es de 1.760.516 habitantes. Su densidad es muy inferior a la media española (79 hab/km2) puesto que no supera los 22 hab/km2. A pesar de que ha experimentado un cierto aumento en números absolutos durante los últimos años (en 1981 la población era de 1.650.380 habitantes), aún no ha recuperado los más de dos millones con que contaba en 1940. Esta situación es consecuencia de factores naturales e históricos. La escasez de recursos naturales y la agricultura extensiva de secano —actividades económicas primordiales de la comunidad— mantuvieron un techo ‘ecológico’ que no pudo sobrepasarse. Más recientemente, cuando se produjo la modernización de la economía española a partir de 1950, Castilla-La Mancha quedó relegada a un papel marginal mientras crecía el turismo y se industrializaba buena parte de la periferia y de Madrid, polos de destino del éxodo rural promovido por los excedentes de población de la comunidad.

Por otra parte, en Castilla-La Mancha también se ha producido un éxodo rural interior muy marcado, ya que los municipios con una población menor de 2.000 habitantes han disminuido casi en un 40%, pasando a representar sólo el 27% del total regional. Por otra parte los núcleos de más de 10.000 habitantes han aumentado su población. Todas las capitales de provincia, así como Talavera de la Reina y Puertollano, han incrementado considerablemente su número de habitantes.

La población castellano-manchega tiende al envejecimiento. Cuenca y Guadalajara son las provincias más afectadas por el éxodo y se encuentran próximas al crecimiento cero. Las otras tres provincias tienen valores más próximos a la media regional.

Con la llegada de los musulmanes, lo que en la actualidad es Castilla-La Mancha experimentó un desarrollo artístico y cultural como no lo había conseguido en épocas anteriores, ni durante la dominación romana ni visigoda; muestra de ello pueden ser las mezquitas y sinagogas que todavía se conservan en la ciudad de Toledo. Junto a Sevilla y Córdoba, Toledo fue un importante centro cultural musulmán en la península. Su nivel intelectual era tan elevado que cuando Alfonso VI conquistó Toledo quedó impresionado y mantuvo todos sus centros de estudios, e incluso Alfonso X instituyó la Escuela de traductores de Toledo, en la que convivían eruditos musulmanes, judíos y cristianos en correspondencia directa y continua con otros centros del saber europeos e hispanos.

El gótico se dejó sentir en estas tierras y muestra de ello son las catedrales que todavía se conservan como la de Sigüenza (Guadalajara), Cuenca y, sobre todo, la de Toledo, considerada por muchos la mejor muestra española de este periodo.

Se suele afirmar, con razón, que Castilla-La Mancha es fundamentalmente renacentista (Palacio del Infantado en Guadalajara, San Juan de los Reyes y Hospital de la Santa Cruz en Toledo) y barroca (el puente de Toledo). Pero no se pueden olvidar las obras góticas (la magnífica catedral de Toledo, una de las más importantes de España) y tampoco las manieristas. En este último capítulo resalta por méritos propios la genial obra de El Greco, buena parte de la cual se puede aún admirar en Toledo. En el campo de lo artístico, destaca por su originalidad el Museo de Arte Abstracto (Cuenca) fundado por los pintores Fernando Zóbel, Gerardo Rueda y Gustavo Torner en 1966.

Las letras también mantuvieron un gran nivel en estos periodos, e incluso las figuras más sobresalientes medievales y renacentistas tuvieron que ver con Castilla-La Mancha: Alfonso X, el infante Don Juan Manuel, San Tob de Carrión y, especialmente, Juan Ruiz, más conocido como el arcipreste de Hita, clérigo de Hita (Guadalajara), que en su Libro del Buen Amor reflejó los ambientes y personajes manchegos.

Pero es, sin duda, Miguel de Cervantes quien ha universalizado La Mancha. Vivió en Esquivias (Toledo) y recorrió Castilla como recaudador de trigo para financiar la Armada Invencible. Así se puso en contacto con unas gentes y unas tierras que inmortalizaría en su obra Don Quijote de la Mancha: El Toboso, la cueva de Montesinos —cerca de las lagunas de Ruidera—, los molinos, los rebaños, los campos de trigo como mares dorados, las ventas... forman ya parte del ideario universal de lo que es La Mancha.


El ascético fray Luis de León nació en Belmonte (Cuenca) y el famoso pícaro Lázaro, el protagonista de El lazarillo de Tormes, acaba sus días en Toledo. Y es que la fascinación de esta ciudad ha sido una constante histórica de España. En ella mantuvo la capital de España Carlos I —cuenta la leyenda que aconsejó a su hijo Felipe II que si quería mantener el reino dejara la capital en Toledo, si lo quería aumentar, la pusiera en Lisboa, pero que si no le importaba perderlo, la pusiera en Madrid— y ha sido fuente de inspiración para artistas —como El Greco antes citado— o escritores, sobre todo románticos, como José Zorrilla o Gustavo Adolfo Bécquer.

Con la generación del 98 y su apuesta por el casticismo, personificado en Castilla, escritores como Azorín y Pío Baroja volvieron a darle a La Mancha un nuevo protagonismo.
 

Castilla-La Mancha es una comunidad autónoma que no tiene una lengua diferencial dentro del Estado español, como es el caso de Galicia, País Vasco, Cataluña o Valencia; eso ha hecho que su literatura —como se ha visto hasta ahora— se contemple dentro del conjunto que forma la literatura española. Lo que no quita para que los escritores, al igual que los artistas, se sientan atraídos e inspirados por su tierra natal, como puede ser el caso del pintor Antonio López, el escritor Francisco García Pavón, con sus Historias de Plinio —un guardia municipal transformado en detective— o incluso el cineasta universal Pedro Almodóvar.

CASTILLA LA MANCHA

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