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DATOS DE ARAGÓN |
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Posee un folclore muy variado, aunque la jota es el canto de baile que se ha ido imponiendo, en su forma actual, a lo largo del siglo XX. Este baile ha traspasado las fronteras regionales y se ha introducido en el folclore de regiones vecinas, en muchos casos, con variantes propias. Como en la mayor parte de los pueblos españoles, las fiestas locales son en honor del santo patrón respectivo. Consisten en concursos de jotas, desfiles de gigantes y cabezudos, suelta de vaquillas y los típicos ‘toros de fuego’, práctica que se comparte con muchos pueblos valencianos. Se han hecho famosas las ‘tamborradas’ que en algunos pueblos de Teruel constituyen una peculiar manera de celebrar la Semana Santa. |
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La gastronomía es sencilla y de raíz popular. Predominan los platos basados en las carnes de cordero y cerdo y los de legumbres y hortalizas. Sus vinos son recios y sabrosos (Cariñena, Borja) y los aceites de una calidad extraordinaria (Bajo Aragón). Con estos buenos productos de base se cocinan migas, pollo al chilindrón, magras al estilo aragonés, salmorejo y ajoaceite que se combina con excelentes carnes de cordero asadas en brasas.Aragón cuenta con manifestaciones artísticas de todas las épocas, desde los vestigios iberos y celtíberos hasta la actualidad. La época musulmana ha dejado numerosos castillos y la recientemente restaurada Aljafería de Zaragoza. El arte románico cuenta, en la zona norte de la región, con monumentos de gran belleza; destacan la catedral de Jaca, el monasterio de San Juan de la Peña, el castillo de Loarre y numerosas iglesias y edificaciones en localidades como Sos del Rey Católico y Sigena. Parte de las pinturas y tallas románicas aragonesas se encuentran en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). El arte gótico se manifiesta en catedrales como la de Huesca, parte de la de Tarazona, las colegiatas de Alcañiz y Borja y la antigua Seo de Zaragoza. El estilo que da verdadero carácter y personalidad a Aragón es el mudéjar; desarrollado durante los siglos XII al XV, tiene presencia en gran parte de los pueblos y villas de la región. Lo peculiar de este estilo artístico es el uso del ladrillo visto con azulejos en las construcciones; las más características son las torres, como San Martín y San Salvador en Teruel. Otras torres y edificios mudéjares destacados se pueden ver en Ateca, Maluenda, Tauste, Utebo, Calatayud y Zaragoza. Del renacimiento y barroco cabe citar la lonja de Zaragoza, la catedral de Barbastro, el ayuntamiento de Huesca y la lonja y fachada del ayuntamiento de Alcañiz. La más destacada obra neoclásica es la basílica del Pilar de Zaragoza. Aragón ha contado desde siempre con artistas de renombre; de entre todos ellos sobresale Francisco de Goya, uno de los grandes pintores de la cultura occidental. Entre los artistas plásticos de este siglo destacan los pintores Juan Viola, Antonio Saura y José Manuel Broto y los escultores Pablo Serrano y Pablo Gargayo.
La literatura aragonesa está asociada a géneros conceptuales y morales. Como
todo reduccionismo es una simplificación, pero como un cliché que se va
repitiendo generación tras generación, al menos, indica que muchos de los
autores que han vivido y escrito en estas tierras han desarrollado este tipo de
literatura. El primer ejemplo sería el hispanorromano Marcial (40-104), nacido
en Bílbilis, la actual Calatayud (Zaragoza), y que en sus Epigramas realizó una
crítica moral a las costumbres de la época; su mordacidad creó las bases para el
epigrama moderno. El moralista por excelencia es el autor nacido en Belmonte de
Calatayud (Zaragoza), Baltasar Gracián (1601-1658), autor de obras didácticas
como Agudeza y arte del ingenio (1642) o El Criticón (1651, 1653 y 1655), una
epopeya con carácter alegórico donde dos personajes, mentor y discípulo,
aprenden a través de la experiencia, el desengaño y el pesimismo. Forma, con
Francisco de Quevedo, la pareja más destacada de los grandes prosistas del
conceptismo barroco español. Si hay conceptistas, también debe haber culteranos
seguidores de Luis de Góngora, como José Pellicer de Salas y Tovar, Martín de
Ángulo y Pulgar, Diego de Morlanes, Juan de Moncayo y Ana Abarca de Bolea.
Otro gran conceptista aparecería más tarde: el pintor Francisco de Goya
(1746-1828), nacido en Fuendetodos (Zaragoza), y que en los comentarios que él
mismo escribió para sus series de grabados Los proverbios (Los disparates) y Los
caprichos da muestra de gran agudeza epigramática y ácida. Agudeza, la de
Ignacio de Luzán (1702-1754), nacido en Zaragoza y formado en Italia, que fue el
que definió en su obra Poética (1737) las características de la poesía
neoclásica en España. Aragón cuenta con abundantes restos megalíticos que dan noticia de pueblos paleolíticos que habitaban en el valle del Ebro. En el neolítico, los de cultura celtibérica tuvieron poblados muy desarrollados que acuñaban moneda y tenían una floreciente agricultura. La romanización no afectó demasiado al conjunto del actual territorio aragonés y se centró, sobre todo, en tres núcleos de población: Cesar Augusta (Zaragoza), Osca (Huesca) y Bilbilis Augusta (Calatayud). Más incidencia tuvo la dominación musulmana que se inició en el primer tercio del siglo VIII. Todo el valle del Ebro fue dominado sin resistencia por los invasores musulmanes que respetaron las costumbres y la religión de los habitantes. De este época quedan 170 monumentos mudejares, siendo la mayoría declarados patr4imonio de la humanidad. Con el desmoronamiento del poder califal, los territorios aragoneses se disgregaron en reinos taifas, de entre los cuales el de Zaragoza fue el que tuvo, en el siglo XI, un papel más destacado. La zona pirenaica quedó al margen de la dominación musulmana. Los francos ocuparon desde el siglo VIII Jaca y dominaron, a través de nobles locales, la zona del río Aragón creando un condado con este nombre. En el siglo X, el condado de Aragón fue incorporado al reino de Navarra. A la muerte de Sancho III el Mayor, Aragón nació como reino independiente al otorgarse el título de rey a Ramiro I (1035-1063), hijo bastardo del rey navarro. Ramiro I amplió el reducido territorio que había heredado, incorporando la zona del Sobrarbe y del Ribagorza e inició la conquista de la zona musulmana, tarea que continuaron sus descendientes, Sancho Ramírez (1063-1094) y Pedro I (1094-1104), que tomaron Huesca y Barbastro. Fue Alfonso I el Batallador quien, con la ayuda de occitanos y bearneses, amplió los límites de su reino casi a los que actualmente son los del territorio de la comunidad autónoma. A la muerte de Alfonso I, después de solucionar un extraño testamento que dejaba el reino a las órdenes religiosas, los nobles impulsaron la coronación del hermano del difunto rey, Ramiro II, que era obispo de Barbastro y Roda. Ramiro II, llamado ‘el Monje’, casó a su hija Petronila con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Con esta boda se produjo la unificación de Aragón y Cataluña bajo una única corona. Alfonso II (1169-1196) fue el primer rey de Aragón que era al tiempo conde de Barcelona. Este rey, además de incorporar el Rosellón y la Provenza, completó la reconquista aragonesa con la anexión del reino taifa que ocupaba parte de la actual provincia de Teruel. Los siglos XIII y XIV fueron los de la expansión catalano-aragonesa por el Mediterráneo; conllevó, además de la anexión de numerosas posesiones ribereñas, un gran impulso comercial y la creación de una infraestructura financiera y judicial (los consulados del mar). Gracias al poder militar que organizó Jaime I el Conquistador se incorporaron a la corona las islas Baleares y los reinos taifas de Alpuente, Valencia y Alcira. Este monarca creó el reino de Valencia, al que dio una organización jurídica y política propia, independiente de Aragón y Cataluña. El siglo XV fue un periodo de depresión que provocó fuertes tensiones sociales y políticas, estas últimas debidas a la secular rivalidad entre los monarcas y la nobleza. La unificación dinástica de 1479 se produjo por la boda del rey Fernando y la futura reina de Castilla, Isabel, que tuvo como consecuencia la unión en una sola dinastía de las dos coronas. En la época de los Austrias, la vinculación entre los diversos reinos de la Corona aragonesa se debilitó y cada uno de ellos fue estableciendo un tipo de relación diferente con los monarcas. Aragón sólo vivió una crisis importante con la Corona con motivo de los hechos provocados por las actividades de Antonio Pérez, que originaron en 1591 un motín fuerista capitaneado por sectores de la nobleza. Por las Resoluciones de Tarazona, Felipe II castigó la revuelta y redujo algunas de las competencias constitucionales aragonesas. La guerra de Sucesión acabó definitivamente con la autonomía política de Aragón. Felipe V, a través de los decretos de Nueva Planta, organizó el reino de acuerdo con las leyes castellanas. El siglo XVIII fue, no obstante, un periodo de expansión y esplendor aragonés, que se dejó notar en un sensible aumento demográfico y fuertes progresos en la agricultura. El siglo XIX, si bien supuso una consolidación del potencial agrícola, no provocó un proceso de industrialización. La situación de Aragón en la primera mitad del siglo XX era de atraso, con una agricultura empobrecida por la falta de mercados e inversiones. Esta situación motivó fuertes oleadas migratorias y una radicalización del campesinado pobre que se adscribió, mayoritariamente, a la ideología anarquista para combatir la explotación de los propietarios rurales y la desatención del Estado. El periodo de mayor radicalismo se dio durante la Guerra Civil española al constituirse en la población de Fraga el Consejo de Aragón, controlado por los grupos anarquistas de la CNT y la FAI, que impulsó la colectivización del campo aragonés. |
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